Exploración y prevención del cáncer de la próstata

Exploración y prevención del cáncer de la próstata

Información general

Cada día hay más interés sobre la información de la prevención del cáncer y la ciencia de la exploración, en las personas con un riesgo alto de manifestar cáncer. Tanto los médicos como el público en general, parecen reconocer que el mejor “tratamiento” para el cáncer es prevenir de que ocurra, o detectarlo temprano, cuando las posibilidades de tratamiento son mayores.

La próstata es una glándula sexual masculina que se localiza entre la vejiga y el recto. El cáncer de la próstata ocurre en los hombres de edad avanzada, y constituye la segunda causa de muerte en hombres en los Estados Unidos. El cáncer de la próstata es una enfermedad de la vejez. Puede permanecer sin detectarse durante muchos años sin causar síntomas. De hecho, la mayoría de los hombres mueren con el cáncer de la próstata y no a causa de éste. Cerca del 20% de los hombres manifestará cáncer en algún momento de la vida, pero sólo el 3% morirá por esta causa.

La posibilidad de que un individuo manifieste cáncer depende, tanto de factores genéticos como no genéticos. El factor genético es un rasgo hereditario incambiable, mientras que uno no genético es una variable en el medio ambiente de la persona, la cual, con frecuencia, puede cambiarse. Entre los factores no genéticos pueden incluirse las dietas, el ejercicio, o la exposición a otras sustancias presentes en su entorno. Estos factores se denominan, con frecuencia, factores ambientales. Algunos factores no genéticos juegan el papel de facilitar el proceso de cambio que sufren las células de saludables a cancerosas (por ejemplo: la relación entre el hábito de fumar y el cáncer pulmonar), mientras que para otras clases de cáncer, no se conocen correlaciones ambientales, pero se sabe que cuentan con una predisposición genética, es decir, que el riesgo de que una persona contraiga cierta clase de cáncer es mayor si un miembro de la familia tiene ese tipo de cáncer.

Factores hereditarios o genéticos

Los investigadores estiman que cerca del 9% de los cánceres de la próstata pueden ser el resultado de genes con susceptibilidad hereditaria. Cerca del 15% de los hombres con cáncer prostático tienen un pariente hombre en primer grado (padre o hermano) con este tipo de cáncer, frente al 8% de la población en general.

En un estudio reciente que se realizó en la Universidad de Utah, los investigadores identificaron una alteración genética que incrementa el riesgo de manifestar cáncer de la próstata. Ellos encontraron cuatro alteraciones o mutaciones del gen del Cáncer de la próstata hereditario 2 (HPC2), que incrementaba el riesgo de manifestar esta clase de cáncer. Dos de estas alteraciones dieron como resultado un riesgo alto de padecer cáncer de la próstata, mientras que en las otras dos, el riesgo fue moderado. Los hombres portadores de una de las dos alteraciones de alto riesgo tienen de 5 a 10 veces más posibilidades de manifestar cáncer de la próstata, mientras que aquellos portadores de uno, de las dos alteraciones de riesgo moderado, tienen de 1,5 a 3 veces más posibilidades de manifestar este tipo de cáncer, que la población en general.

Factores ambientales o no genéticos

Los investigadores no saben con certeza la razón por la que un hombre manifiesta cáncer de la próstata y otro no. Es interesante notar que cuando las personas de áreas con bajas tasas de cáncer prostático se mudan a áreas con tasas más altas, asumen las tasas de su nuevo ambiente, aunque es claro que su composición genética no ha cambiado. Esto sugiere que los factores ambientales juegan un papel mayor que los genéticos en la manifestación del cáncer de la próstata. Aunque las causas de este tipo de cáncer aún son ambiguas, los investigadores han identificado varios factores de riesgo que se asocian con el cáncer de la próstata.

Edad: La incidencia del cáncer de la próstata se incrementa de manera dramática con la edad. No es usual que este cáncer ocurra en hombres menores de 50 años. Éste es más común en los hombres mayores de 55 años, con una edad promedio al diagnóstico de 70 años. El riesgo de padecer cáncer prostático se incrementa de manera exponencial después de los 50 años. De hecho, a los 60 años, el 34% de los hombres muestra una evidencia temprana del cáncer de la próstata, mientras que el 70% de los hombres de 80 años presenta la enfermedad.

Alimentación: Existe una evidencia creciente de que la dieta desempeña un papel en la manifestación del cáncer de la próstata. Algunos estudios indican que la frecuencia de este tipo de cáncer es mayor en las poblaciones que consumen una dieta rica en grasas animales y/ o que tienen una carencia de ciertos nutrientes. De hecho, los resultados de 15 a 22 estudios clínicos indican que un consumo alto de grasa en la dieta se relaciona con un riesgo mayor de padecer cáncer de la próstata. En un estudio se demostró que los hombres que consumían mucha grasa, tenían un 40% de más riesgo de manifestar cáncer de la próstata.

Varios estudios han sugerido que las dietas altas en nutrientes, como licopenos, vitamina E y Selenio, podrían reducir el riesgo de padecer cáncer de la próstata, lo que llevó a algunos investigadores a expresar la teoría de que las dietas bajas en estos nutrientes podrían incrementar el riesgo de padecer esta clase de cáncer. Se necesita investigar más para establecer el vínculo entre la dieta y el cáncer de la próstata.

Hormonas: Algunas investigaciones indican que los niveles altos de testosterona podrían incrementar el riesgo de padecer cáncer de la próstata.

Raza: Las tasas del cáncer prostático son mayores entre los negros, intermedias entre los blancos, y menores entre los nativos japoneses y los nativos americanos. Los hombres negros cuentan con cerca de dos veces más posibilidades de manifestar cáncer de la próstata que los blancos, y tienen esas mismas posibilidades de morir por esta causa.

Prevención

El cáncer es una enfermedad cuya posibilidad de prevención es muy amplia. Dos terceras partes de la muertes por cáncer en los Estados Unidos están relacionadas con el uso del tabaco, dietas pobres, obesidad y falta de ejercicio. Todos estos factores pueden ser modificados. Sin embargo, todavía se menosprecia la posibilidad de prevenir el cáncer mediante cambios en el estilo de vida.

Alimentación: La alimentación es un área muy propicia en que tanto las personas como la sociedad en general pueden intervenir de forma inmediata para reducir el riesgo de padecer algún tipo de cáncer. Numerosos estudios proporcionan un caudal de información, con frecuencia contradictoria, acerca de los factores perjudiciales y protectores con que cuentan los diferentes alimentos.

Existe una evidencia convincente de que el exceso de grasa en el organismo incrementa mucho el riesgo de padecer varios tipos de cáncer. Aunque mucha de la información nutricional en relación al cáncer está en contra de una dieta rica en grasa, el verdadero culpable puede ser el exceso de calorías. Los estudios demuestran que existe una pequeña relación, si acaso la hay, entre la grasa del organismo y la composición de la grasa de la dieta. Estos estudios muestran que el consumo de un exceso de calorías provenientes tanto de las grasas como de los carbohidratos produce el mismo resultado de exceso de grasa en el organismo. La forma ideal para evitar el exceso de grasa en el organismo es limitar el consumo de calorías y/ o equilibrar el consumo calórico con bastante ejercicio.

No obstante, es importante limitar el consumo de grasas, ya que las evidencias aún apoyan la relación que existe entre el cáncer y las grasas poliinsaturadas, saturadas y animales. Los estudios muestran de manera específica, que un alto consumo de carnes rojas y de productos lácteos, puede incrementar el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Una estr
ategia para cambiar de forma positiva los hábitos alimenticios es reemplazar las carnes rojas por el pollo, el pescado, las nueces y las legumbres.

El alto consumo de frutas y de vegetales también se asocia con la reducción del riesgo de padecer, al menos, diez diferentes clases de cáncer, lo cual puede ser el resultado de factores potencialmente protectores, como los carotenoides, el ácido fólico, la vitamina C, los flavonoides, los fitoestrogenos y los isotiocianatos, a los que en conjunto se les conoce como antioxidantes.

Existe una fuerte evidencia de que el consumo de alcohol de moderado a alto también incrementa el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Entre las razones para explicar esta relación puede ser que el alcohol interfiere con la disponibilidad del ácido fólico. El alcohol combinado con el tabaco crea un riesgo aún mayor.

Aunque los investigadores han evaluado ampliamente la relación entre la dieta y todos los cánceres, también hay una extensa investigación sobre el vínculo entre la dieta y el cáncer de la próstata. Muchos estudios recientes indican que una dieta baja en grasas, licopeno, vitamina E y selenio, pueden tener una función en la prevención, o al menos en retardar, la manifestación del cáncer de la próstata.

Licopeno: Es un carotenoide que se encuentra, sobre todo, en los tomates y sus productos. En 57 de 72 estudios, el licopeno se asoció con un riesgo alto del cáncer de la próstata. En un estudio, los sujetos recibieron, o no recibieron, suplementos de licopeno antes de la cirugía. Sólo el 33% del grupo que recibió suplemento de licopeno experimentó diseminación del cáncer, frente al 75% del grupo de control. Además, los niveles del antígeno específico prostático (PSA, por sus siglas en inglés), en el grupo con suplemento de licopeno cayó en el 20%, mientras que los niveles de PSA del grupo control, permanecieron invariables.

Vitamina E: La Vitamina E se encuentra disponible en dos formas, el alfatocoferol y el gammatocoferol. El alfatocoferol es la mayor fuente de vitamina E en los suplementos, mientras que el gammatocoferol es la mayor fuente de vitamina E en la dieta. Ambos micronutrientes se asocian con una reducción del riesgo del cáncer de la próstata.

En un estudio enfocado en el cáncer del pulmón, se sugirió un beneficio de la vitamina E en la reducción del cáncer de la próstata. El resultado mostró que un suplemento de 50mg/día de vitamina E, en un período de 5 a 8 años, se correlacionaba con una reducción del 32% de la incidencia del cáncer de la próstata.

En Maryland, se realizo un estudio en varios centros que exploraron la relación entre el cáncer de la próstata y tres micronutrientes: alfatocoferol, gammatocoferol y selenio. Los investigadores usaron muestras de plasma y uñas de los pies para medir los niveles de los tres micronutrientes en 117 hombres con cáncer prostático y en 233 hombres sin evidencia de cáncer.

Los resultados indicaron que los tres micronutrientes se asociaron con una reducción del riesgo de manifestar cáncer prostático. La asociación más fuerte se observó para el gammatocoferol. El riesgo de manifestar cáncer prostático fue 5 veces menor en los hombres que presentaron niveles de gammatocoferol más altos de 5, frente a los hombres que presentaron niveles menores de 5. El riesgo de manifestar cáncer prostático disminuyó con el incremento en las concentraciones de gammatocoferol. El selenio y el alfatocoferol también se asociaron con una reducción del riesgo para el cáncer prostático, pero sólo en presencia de concentraciones altas de gammatocoferol. Debido a que administrar suplementos de alfatocoferol puede disminuir los niveles de gammatocoferol, los investigadores concluyeron que balancear estos dos micronutrientes puede ser un factor importante en la reducción del riesgo del cáncer prostático.

Selenio: El selenio es, en esencia, un oligoelemento necesario para la formación y la función de al menos 13 proteínas. Estudios realizados en animales han demostrado que un incremento en el consumo en la dieta de selenio puede llevar a una reducción en la incidencia de algunos cánceres. Varios estudios indican una asociación entre el incremento de selenio en la dieta y la reducción del riesgo de cáncer prostático. Dos estudios recientes que compararon grupos que tomaron suplementos de selenio con grupos de control, mostraron una reducción de casi el 60% en el riesgo del cáncer prostático. En respuesta a estos resultados alentadores, el Instituto Nacional del Cáncer (National Cancer Institute, NCI) se encuentra, en la actualidad, inscribiendo a 32.000 pacientes para evaluar los efectos del selenio en el cáncer prostático, así como en el cáncer colorrectal y la enfermedad cardiovascular.

Ejercicio: Los niveles altos de actividad física pueden reducir la incidencia de algunos tipos de cáncer. De acuerdo a investigadores de la Universidad de Harvard, si la totalidad de la población incrementara sus niveles de actividad física a trotar 30 minutos por día (o a gastar la energía equivalente en otra actividad), se podría observar un 15% de reducción en la incidencia del cáncer del colon.

Prevención hormonal: La asociación entre los niveles de testosterona y el cáncer de la próstata, han llevado a los investigadores a determinar si la finastarida, un inhibidor hormonal, puede reducir la incidencia de este cáncer. Se está llevando a cabo un amplio experimento aleatorio controlado con placebo, para evaluar la finastarida como un agente quimiopreventivo para el cáncer de la próstata. Los resultados de este estudio se esperan para el 2004.

Exploración y detección temprana

Para muchos tipos de cáncer, el progreso logrado en las áreas de exploración y tratamiento es prometedor para la detección temprana y lograr tasas altas de curación. El término exploración se refiere al uso regular de ciertos exámenes o pruebas en las personas que no presentan síntomas de cáncer, pero que están bajo alto riesgo de padecerlo. Tener un alto riesgo de padecer un tipo de cáncer significa que se poseen ciertas características o exposiciones, denominadas factores de riesgo, que hacen a una persona más propensa a manifestar esa clase de cáncer que otras personas que no poseen estos factores. Los factores de riesgo son distintos para cada tipo de cáncer. Es importante conocer estos factores de riesgo porque: 1) algunos factores de riesgo pueden cambiarse (como el hábito de fumar o los hábitos alimenticios), con lo que se disminuye el riesgo de manifestar el cáncer asociado; y 2) las personas que tienen un riesgo alto de manifestar cáncer pueden someterse a medidas de exploración recomendadas para ese tipo de cáncer. Los investigadores continúan estudiando cuáles características o exposiciones se asocian con el incremento de riesgo para varios cánceres, lo que permite el uso de estrategias de prevención, detección temprana y tratamiento más efectivas.

El cáncer prostático es la segunda causa de muerte en los Estados Unidos. Aunque como con la mayoría de los cánceres, la detección temprana aumenta la posibilidad de curación, no está claro si la exploración para el cáncer de la próstata reduce el número de muertes por esta causa. Con frecuencia, después del diagnóstico de este cáncer, los médicos y los pacientes elegirán seguir una “espera vigilada”, en vez de iniciar un tratamiento. A pesar de la controversia, aún se recomienda que los hombres se sometan a una exploración anual para esta enfermedad mediante un examen digital rectal (DRE), a una prueba sanguínea de PSA, o a una ultra sonografía transrectal. En la actualidad, se recomienda que los hombres inicien una exploración anual con PSA y DRE a los 50 años, y que los hombres afroamericanos con un historial familiar de cáncer prostático alto, inicien la exploración anual a los 45 años.

Examen digital rectal (DRE): Durante el examen digital rectal (DRE), el médico inserta un dedo con guante dentr
o del recto para evaluar la textura y el tamaño de la próstata. El DRE es el procedimiento de exploración de la próstata más común y se ha usado por muchos años; sin embargo, aún no se ha determinado si la prueba es efectiva en disminuir el número de muertes por cáncer prostático.

Prueba sanguínea de PSA: Esta simple prueba sanguínea permite a los técnicos de laboratorio determinar los niveles de PSA. El antígeno específico prostático (PSA), es una proteína que secreta la glándula prostática de forma normal. Los niveles altos de PSA pueden indicar la presencia de células cancerosas prostáticas u otras condiciones prostáticas no cancerosas.

Ultra sonografía transrectal: Durante esta prueba, se inserta una pequeña sonda dentro del recto que emite ondas de sonido de alta frecuencia que rebotan en la próstata y producen un eco. La computadora emplea estos ecos para crear una imagen llamada sonograma, que puede mostrar las áreas anormales. Los investigadores aún no han determinado si la ultra sonografía transrectal es efectiva en la reducción del número de muertes por cáncer prostático.

Aunque las recomendaciones actuales para la exploración son estándar, algunas investigaciones indican que iniciar la exploración temprano, puede ser más efectivo. En tiempo reciente, los investigadores realizaron un estudio en el que utilizaron un programa de computadora para estimar el número de vidas que se podrían salvar mediante la prueba de PSA en cada uno de siete diferentes parámetros. Ellos hallaron que la estrategia más efectiva era empezar la prueba PSA a los 40 años, repetirla a los 45 y 50 y luego cada dos años.

Estrategias para mejorar la exploración y la prevención

El potencial para la detección temprana y las tasas altas de curación, se incrementan con la llegada de técnicas de exploración más refinadas. En un esfuerzo por proporcionar más opciones de exploración y, quizás, estrategias más efectivas de prevención, los investigadores continúan en la búsqueda de nuevas técnicas para la exploración y la detección temprana del cáncer.

Mejoras en las pruebas de PSA: Los investigadores continúan evolucionando y refinando las pruebas de laboratorio para mejorar la prueba de especificidad de PSA. Los resultados de PSA que son más específicos, pueden ayudar a eliminar la necesidad de pruebas más invasivas, lo que alivia la ansiedad y reduce los costos médicos en los pacientes con niveles elevados de PSA que presentan condiciones benignas.

Los antígenos específicos prostáticos pueden hallarse de varias formas en la sangre, lo que puede crear dificultad con la prueba de especificidad de PSA. Estos antígenos pueden encontrarse unidos a diferentes moléculas en la sangre, o pueden existir como proteínas aisladas “libres”. El inhibidor Alfa-1 proteasa es una de las proteínas específicas que se une, por lo regular, al PSA en la sangre. Estudios anteriores han mostrado que la proporción de PSA libre, frente al PSA total (todas formas diferentes de PSA), mejora la exactitud de la detección del cáncer prostático. Con el fin de derivar una mayor especificidad de la prueba de PSA, los científicos han creado en tiempo reciente una prueba de sangre que puede detectar la presencia del inhibidor Alfa-1 proteasa unido al PSA.

En un experimento clínico reciente, se evaluaron tres diferentes formas de PSA para evaluar la exactitud en la determinación del cáncer prostático. Los pacientes que participaron en este experimento se dividieron en dos grupos, aquellos que presentaban cáncer prostático confirmado, y los que no tenían cáncer prostático. Se midieron los niveles de PSA libre, los niveles de inhibidor Alfa-1 proteasa, y los niveles totales de PSA, en las muestras de sangre de estos individuos.

La proporción de los niveles de inhibidor Alfa-1 proteasa y PSA, en comparación con los niveles totales de PSA, fueron menores en los pacientes con cáncer. Esta prueba sola mejoró la exactitud de la determinación del cáncer prostático. Mas aún, cuando los niveles del inhibidor Alfa-1 proteasa y PSA se combinaron con los resultados de PSA libre, se mejoró la exactitud en la determinación del cáncer prostático en casi el 90%.

Factor de crecimiento similar a la insulina: El factor de crecimiento similar a la insulina (IGF-I) y a la proteína-3 ligada a la IGF intacta (IGF-BP3), puede ayudar a distinguir la hiperplasia prostática benigna (BPH) del cáncer prostático. Los niveles elevados de IGF-I e IGF-BP3 en los hombres con niveles de PSA bajos o moderados, son indicativos de cáncer prostático. En un estudio realizado en Canadá en el año 2000, los investigadores midieron los niveles de IGF-I e IGF-BP3 en dos grupos de hombres, aquellos que tenían BPH, y aquellos que tenían cáncer prostático con niveles moderados de PSA. Los hombres con cáncer prostático presentaron niveles mucho más altos de IGF-I e IGF-BP3, que los hombres con BPH. Los investigadores concluyeron que la proporción de IGF-I e IGF-BP3, en comparación con el PSA libre, era superior que la proporción PSA libre/ total que se usa en la actualidad para la discriminación entre el BPH y el cáncer prostático.

Prueba de predicción genética: Los investigadores identificaron en tiempo reciente una alteración genética que incrementa el riesgo de manifestar cáncer prostático. Existen cuatro alteraciones del gen del cáncer de la próstata hereditario 2 (HPC2), que presenta un riesgo alto o moderado de manifestar esta clase de cáncer. Aunque los científicos no comprenden aún cómo las alteraciones HPC2 contribuyen a la subsiguiente manifestación del cáncer prostático, continúan la exploración de las características de este gen. Como la dinámica de este gen no se conoce aún, la información podría contribuir a la creación de pruebas genéticas de predicción y, lo más probable a la creación de nuevos medicamentos para el cáncer prostático, diseñados para esta alteración genética en particular. Aunque la identificación del HPC2 es un progreso alentador para la investigación del cáncer prostático, se necesitan más investigaciones antes de que estas pruebas de HPC2 se encuentren disponibles.

Investigadores del Johns Hopkins University Medical Center, estudiaron el vínculo entre el gen GSTP1 y el cáncer prostático desde el 1994. En su estudio clínico más reciente, los investigadores de esta institución evaluaron la exactitud de los niveles de metilación de GSTP1 en la predicción de la presencia del cáncer prostático. Los investigadores examinaron el tejido prostático extirpado con cirugía a 69 pacientes con cáncer prostático localizado, y a 31 pacientes con BPH. De éstos, 28 de los 69 pacientes con cáncer prostático localizado también presentaban un tejido precanceroso que fue examinado. La proporción promedio del GSTP1 metilado al gen de referencia en los diferentes especímenes de tejido, fue de 0 para el tejido de BPH, 1,4 para tejido precanceroso, y 250,8 para el cáncer prostático localizado clínicamente.

Los investigadores también evaluaron la eficacia de la medición de la metilación de GSTP1 para diagnosticar el cáncer prostático en pequeñas biopsias. Para este estudio clínico, se midió la proporción de GSTP1 metilado al gen de referencia en la biopsia que se le tomó a 21 pacientes con niveles altos de PSA. De éstos, 10 se diagnosticaron correctamente como sin cáncer prostático, y 10 de los 11 restantes, como con cáncer prostático, mediante el empleo de la proporción GSTP1.

Estos resultados son alentadores e indican que la medición de la metilación de GSTP1 puede usarse para mejorar la exactitud en la detección del cáncer prostático en las etapas tempranas.

Ultrasonido de microburbuja: La nueva evolución de ultrasonido involucra el uso del color en la imagen Doppler con contraste de microburbuja, de forma que los médicos puedan determinar de manera más fácil la presencia y la localización exacta de una masa dentro de la próstata. La imagen
Doppler puede captar diferencias en la velocidad (es decir, flujo sanguíneo versus tejido sólido), y transmitir estas diferencias mediante pixeles de diferentes colores para crear una imagen en la pantalla. Las microburbujas son burbujas delgadas de gas que pueden filtrarse a través de los pequeños vasos sanguíneos sin lesionarlos. Éstas mejoran aún más la imagen mediante el incremento de la intensidad de la señal de retrodifusión. Debido a que los vasos sanguíneos y el flujo de la sangre son más frecuentes en los tejidos cancerosos que en los normales, las microburbujas tienden a concentrarse en el cáncer, lo que se revela en la imagen creada. Esto permite a los médicos una localización más exacta del lugar donde se debe tomar la biopsia.

En tiempo reciente, los investigadores compararon el uso de la ultrasonografía Doppler con contraste mejorado con un agente de contraste de microburbuja, frente a la ultrasonografía convencional de escala de grises. Participaron en este estudio ochenta y cuatro hombres, quienes se sometieron primero a la ultrasonografía Doppler y a cinco biopsias. Después, los pacientes se sometieron a la ultrasonografía de escala de grises y a 10 biopsias. Así se pudo comparar la exactitud de las biopsias en el mismo paciente.

La tasa de detección del cáncer prostático fue de 27% con biopsias guiadas con Doppler, frente a 20% con la ultrasonografía convencional. La tasa general de detección de la biopsia central fue de 13% para las biopsias guiadas con Doppler, frente a sólo 4,9% para la ultrasonografía convencional. Estos resultados indican que las biopsias guiadas con Doppler con contraste de microburbuja, pueden permitir a los médicos determinar con mayor exactitud la localización óptima de la biopsia. Esto permite que se realicen menos biopsias que con la ultrasonografía convencional, con una mejoría en la tasa de detección del cáncer. Las biopsias se asocian con dolor, infección, sangre en la orina y/ o sangre en el esperma. Además, el costo puede reducirse a cerca del 50%.


Tipos de Cancer


Sign up for the CancerConnect newsletter

Sign up for our newsletter and receive the latest news and updates about specific types of cancer.

  Close |  Please don't show me this again

Just another Cancercenter.cc site
Facebook Twitter RSS