Terapia con radiación para el cáncer de la vejiga

Terapia con radiación para el cáncer de la vejiga

Información general

La terapia con radiación puede ser una parte integral del tratamiento para el cáncer de la vejiga; sin embargo, no es el tratamiento exclusivo y, por lo tanto, es importante que se trate a los pacientes en un centro médico que pueda ofrecerles múltiples modalidades de tratamiento con la participación de oncólogos, radio-oncólogos y cirujanos.

La terapia con radiación, o radioterapia, emplea rayos de gran potencia para lesionar o exterminar las células cancerosas al prevenir su crecimiento y su división celular. De forma similar a la cirugía, la terapia con radiación es un tratamiento local empleado para eliminar o erradicar el cáncer que puede estar dentro del campo de radiación. El uso de la terapia con radiación no es típicamente útil en la erradicación de las células cancerosas que se han diseminado a otras partes del organismo. Esta terapia se puede administrar de forma externa o interna. La radiación externa envía rayos de gran potencia que van directo al cáncer desde una máquina fuera del organismo. La radiación interna, o braquiterapia, consiste en implantar una pequeña cantidad de material radiactivo dentro o cerca del cáncer.

En la actualidad, el utilizar sólo la terapia con radiación como tratamiento primario para el cáncer de la vejiga se ha remplazado por la terapia con radiación en combinación con la quimioterapia. El uso principal de esta combinación se da en los pacientes con enfermedad en las etapas de II al III o con cáncer reincidente. Sin embargo, la cistectomía total todavía es la modalidad primaria para el tratamiento del cáncer de la vejiga en las etapas II y III.

Terapia con radiación y quimioterapia como tratamiento primario

Durante la pasada década, muchos experimentos clínicos en Estados Unidos y Europa evaluaron la combinación de radiación y quimioterapia como tratamiento inicial de los pacientes con el cáncer de la vejiga en las etapas de la II a la III con el propósito de preservar la vejiga. La terapia de preservación de la vejiga es un recurso valioso, porque aquellos pacientes que logran una respuesta completa al tratamiento a menudo pueden librarse de que se les deba extirpar quirúrgicamente el cáncer, a menos que éste reincida. El tratamiento temprano con la quimioterapia también puede eliminar las células cancerosas diseminadas mas allá de la vejiga ayudando así a los pacientes a evitar la cistectomía.

En algunos experimentos clínicos, la mitad de los pacientes, o más, que se trataron con la terapia de preservación de la vejiga (RTU inicial de tantas áreas con cáncer como sea posible, más quimioterapia y terapia con radiación) sobrevivió sin cáncer durante 3 a 4 años después del tratamiento. A pesar de que estos resultados parecen ser tan halagadores como los observados con la cirugía (cistectomía total), no se tiene una comparación directa de la cistectomía total con la combinación de la quimioterapia y la terapia con radiación. Mientras que la terapia de la preservación de la vejiga se aprueba asiduamente para el tratamiento del cáncer de la vejiga en las etapas de la II a la III, algunos médicos aún piensan que debe limitarse a los experimentos clínicos y no adoptarse como terapia estándar.

Terapia paliativa con radiación

El objetivo de la terapia paliativa es disminuir los síntomas del cáncer, como el dolor, con el fin de mejorar la calidad de vida de los pacientes. Antes de la creación de regímenes efectivos de quimioterapia en los pacientes con cáncer de la vejiga, se usaba la radiación abdominal total para controlar el crecimiento del mismo. Para tratar la totalidad del abdomen se usaban dosis menores a las empleadas en la terapia con radiación normal.

Cuando los cánceres de la vejiga resistentes a la quimioterapia se encuentran relativamente localizados, es posible utilizar un tratamiento paliativo con grandes dosis de radiación. En otros casos, puede que el cáncer haya invadido las áreas críticas, como la médula espinal, causando síntomas considerables como dolor o debilidad. En estas circunstancias la terapia con radiación a menudo es efectiva para atenuar los síntomas. El radio-oncólogo selecciona la dosis que espera sea efectiva, pero también toma en cuenta la tolerancia de los tejidos y de los órganos normales cercanos, así como si se ha administrado o no la quimioterapia.

Administración de la terapia con radiación para el cáncer de la vejiga

La moderna terapia con radiación para el tratamiento del cáncer de la vejiga se realiza por medio de aceleradores lineales que producen haces de radiación externos de gran potencia que penetran en los tejidos y administran la dosis de radiación a las áreas profundas donde se encuentra el cáncer. Estas máquinas modernas y otras técnicas novedosas han permitido a los radio-oncólogos reducir de manera significativa los efectos secundarios y también mejorar la capacidad de enviar una dosis de radiación curativa a las áreas con cáncer y disminuir la dosis de radiación que llega al tejido normal. Por ejemplo, con la terapia con radiación moderna es poco frecuente que se presenten quemaduras cutáneas, a menos que el objetivo de la terapia sea la piel en sí o el paciente presente una anatomía inusual o una extensión del cáncer cerca de su origen.

Simulación

Luego de la consulta inicial con un radio-oncólogo, la siguiente sesión suele llevarse a cabo para la planificación, lo que se conoce como simulación. En esta sesión se determinan las áreas del tratamiento con la radiación y se planifica la mayor parte del mismo. De todas las visitas al centro de radio-oncología, la sesión de simulación puede ser la de mayor duración. Durante la simulación, el paciente permanece acostado sobre una mesa similar a las usadas para una exploración de tomografía computarizada. La mesa cuenta con la posibilidad de subir, bajar y girar sobre un eje central. Las dimensiones y los movimientos de la máquina de “simulación” corresponden de manera bastante aproximada a los de un acelerador lineal verdadero. En lugar de administrar un tratamiento con radiación, el simulador permite al radio-oncólogo y a los tecnólogos observar el área a tratarse. La sala se oscurece por períodos mientras se establecen las áreas de tratamiento y se trazan marcas temporales en la piel del paciente con marcadores mágicos. El radio-oncólogo es asistido por uno o más tecnólogos en radiación y con frecuencia por un dosimetrista que realiza los cálculos necesarios para la planificación del tratamiento. La simulación puede durar entre quince minutos a una hora o más, dependiendo de la complejidad de lo que se planifica.

Cuando se establecen de manera satisfactoria los aspectos de las áreas del tratamiento, se toman rayos X que representan estas áreas. En la mayoría de los centros médicos, el paciente recibe varios “tatuajes” que indican las áreas de tratamiento y reemplazan las marcas hechas antes con marcadores mágicos. Estos tatuajes no son muy detallados, son sólo pinchazos marcados con una tinta que parecen pequeñas pecas. Mediante estos tatuajes, los tecnólogos en radiación establecen a diario las áreas del tratamiento con precisión y el paciente puede lavarse y bañarse sin preocuparse por borrarlas. Casi siempre, el tratamiento con radiación se realiza en una sala aparte de la de simulación. La planificación y las áreas de tratamiento generado de la sesión de simulación, se llevan al cuarto del tratamiento, que cuenta con un acelerador lineal que apunta a una mesa similar a la del cuarto de simulación. Se verifica la planificación del tratamiento y sólo se inicia luego de que el oncólogo y los tecnólogos hayan revisado de nuevo las áreas del tratamiento y los cálculos y se encuentren bien satisfechos con las “especificaciones”.

Efectos secundarios de la terapia con radiación

La mayoría de los pac
ientes logra someterse a la terapia con radiación para el cáncer de la vejiga sin mayor dificultad. Los efectos secundarios y las posibles complicaciones de la terapia con radiación se limitan a las áreas que reciben el tratamiento con radiación. Sin embargo, la posibilidad de que un paciente experimente efectos secundarios es muy variable. La dosis que causa alguna molestia en un paciente puede que no cause efectos secundarios en otros. Si éstos se presentan, el paciente debe informar a los tecnólogos y al oncólogo, ya que casi siempre hay un tratamiento disponible y eficaz.

La terapia con radiación en el área abdominal y pélvica puede causar diarrea, calambres abdominales o un aumento en la frecuencia de la deposición o la micción. Estos síntomas son muy a menudo temporales y desaparecen una vez que se termina la radiación. Algunas veces, los calambres abdominales pueden acompañarse de náusea.

La terapia con radiación puede afectar el recuento sanguíneo y especialmente puede disminuir el recuento de leucocitos y plaquetas, dependiendo de la cantidad de médula ósea involucrada en el área de tratamiento y de si el paciente recibió antes o está recibiendo quimioterapia o no. Con frecuencia, estos cambios en el conteo celular son insignificantes y se restablecen una vez que finaliza la radiación. Sin embargo, muchos centros de terapia con radiación tienen como política controlar el conteo sanguíneo por lo menos una vez durante los tratamientos con radiación.

Es común que algunos pacientes presenten cambios en los patrones de sueño o de descanso durante el período de la terapia con radiación. Algunos pacientes también presentan una sensación de cansancio y de fatiga. No es frecuente que aparezcan complicaciones luego del tratamiento con radiación del cáncer de la vejiga. Entre las posibles complicaciones se encuentran: obstrucción intestinal, úlceras o cáncer causado por la radiación. Las probabilidades de que aparezcan estas complicaciones luego del tratamiento también se ven afectadas por las previas cirugías abdominales o pélvicas extensas, por la terapia con radiación y/ o por la quimioterapia concurrente.

Estrategias para mejorar el tratamiento

El progreso que se ha logrado en los tratamientos del cáncer de la vejiga es el resultado del perfeccionamiento de los tratamientos que involucran varias modalidades y de la participación de médicos y de pacientes en los experimentos clínicos. En el futuro, el progreso en los tratamientos del cáncer de la vejiga se conseguirá con la continua participación en los estudios apropiados. Hoy en día hay muchas áreas de exploración activa, que utilizan la terapia con radiación, dirigidas a optimar el tratamiento del cáncer de la vejiga.

Atención de apoyo: La atención de apoyo se refiere a los tratamientos diseñados para prevenir y para controlar los efectos secundarios del cáncer y su tratamiento. Los efectos colaterales no sólo causan molestias a los pacientes, sino que pueden dificultar la administración óptima de la terapia en las dosis y la periodicidad adecuadas. Para lograr que el tratamiento dé resultados óptimos y mejorar la calidad de vida, es imperativo que los efectos secundarios del cáncer y su tratamiento se manejen de forma adecuada. Para obtener mayor información, diríjase a Atención de apoyo.

¿Es necesaria la radiación o es posible lograr resultados similares sólo con la quimioterapia?: La quimioterapia sin terapia con radiación para el tratamiento primario del cáncer de la vejiga en la etapa III sólo se ha evaluado en un estudio clínico principal. En ese estudio, más de 100 pacientes con cáncer de la vejiga, tanto en las etapas II ó III se trataron con quimioterapia combinada con cistaplin y con un seguimiento de 10 años en promedio. La tasa de la respuesta completa fue de 54%. En la mayoría de los pacientes, el urólogo extirpó por completo todos los tumores celulares visibles en la vejiga. Cuarenta y tres pacientes se sometieron a la cirugía conservadora de la vejiga con una supervivencia del 74%, y en el 58% de ellos, la vejiga funcionaba. Sobrevivió el 65% de los pacientes que se sometieron a la cistectomía total después de lograr una respuesta completa. No se sabe si estos resultados son equivalentes a la radiación más quimioterapia o a la cistectomía total inicial. Sin embargo, la intensidad de la quimioterapia puede incrementarse cuando no se administra en conjunto con la terapia con radiación y cuando existe la posibilidad de que este enfoque sea más efectivo en la prevención del cáncer metastásico.


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