Exploración y prevención del cáncer uterino

Exploración y prevención del cáncer uterino

Información general

Cada día crece más el interés por conocer sobre la prevención del cáncer y la técnica de exploración en las personas que cuentan con un alto riesgo de manifestar cáncer. Tanto los médicos como los pacientes reconocen que el mejor tratamiento para el cáncer es, en primera instancia, la prevención de que ocurra o su detección temprana, cuando existen mayores probabilidades de tratamiento.

El cáncer del útero (endometrial), constituye el cáncer invasivo ginecológico más común en la mujer, con 36.100 nuevos casos anuales. Esta incidencia sería mayor a no ser por el gran número de histerectomías que se realizan por razones diferentes al cáncer. Los investigadores estiman que cerca de 6.500 mujeres mueren cada año a causa del cáncer del útero, en los Estados Unidos. El riesgo de manifestar este cáncer para una mujer estadounidense es del 2%.

Desde mediados de los años 70, el aumento del cáncer del útero ocurre en la incidencia, pero no en la mortalidad, lo cual se atribuye al uso de la terapia de reemplazo hormonal en el tratamiento de los síntomas de la menopausia. Estudios muestran que el adenocarcinoma endometrial, el tipo más común del cáncer del útero, se manifiesta debido al crecimiento excesivo de las células que recubren el útero por la presencia de una exposición excesiva o prolongada de la hormona femenina estrógeno. Otros tipos de cáncer del útero menos frecuentes, como el carcinoma seroso, no parecen relacionarse con los niveles de estrógeno en el organismo.

La posibilidad de que una persona manifieste un cáncer depende de factores genéticos y no genéticos. El factor genético es un rasgo heredado, inalterable; mientras que uno no genético, es una variable en el ambiente de la persona que puede cambiar. Dentro de los factores no genéticos se encuentran la dieta, el ejercicio o la exposición a otras sustancias presentes en el ambiente. Estos factores se conocen como factores ambientales. Algunos de estos factores desempeñan el papel de facilitar el proceso de la conversión de las células de sanas a cancerosas (por ejemplo, la correlación entre el hábito de fumar y el cáncer pulmonar), mientras que otras clases de cáncer no se deben a correlaciones ambientales conocidas, pero sí a la predisposición genética. Esto último significa que una persona tiene un riesgo mayor de padecer cierto cáncer si un miembro de la familia ha manifestado esa clase de cáncer.

Factores hereditarios o genéticos

Las mujeres con un historial familiar del cáncer del útero tienen dos veces más posibilidades de manifestarlo que las mujeres sin ese historial. Las mujeres con una historia familiar del cáncer hereditario de colon sin poliposis cuentan con un riesgo mayor de portar esta anormalidad genética. Los estudios sugieren que el riesgo de exhibir cáncer del útero en las mujeres que tienen esta anormalidad genética es 10 veces mayor y la incidencia es del 20% a los 70 años. Es posible que las mujeres con un historial de cáncer del útero quieran someterse a pruebas genéticas. Para obtener mayor información sobre las pruebas genéticas, diríjase a la sección  Pruebas genéticas.

Factores ambientales o no genéticos

Los factores que se asocian con el mayor riesgo de exhibir cáncer del útero incluyen la obesidad, una dieta rica en grasa y una exposición prolongada a la hormona femenina estrógeno. Las mujeres que inician la menstruación a una edad temprana, que experimentan una menopausia tardía y/ o que no tienen hijos, se encuentran más expuestas al estrógeno y, por lo tanto, el riesgo es mayor. El completar al menos un embarazo parece disminuir el riesgo de manifestar cáncer del útero en un 50%, ya que después del nacimiento del primer hijo, el riesgo de exhibir este cáncer parece disminuir con la edad. El riesgo también disminuye en proporción al número de abortos inducidos. Las mujeres que toman anticonceptivos orales también parecen presentar una disminución en la incidencia del cáncer del útero.

Reemplazo hormonal y el cáncer del útero: Las mujeres que toman la terapia de reemplazo hormonal para disminuir los síntomas de la menopausia tienen de 4 a 8 veces más el riesgo de manifestar el cáncer del útero. El riesgo incrementa según dure su uso. Por ejemplo, después de usar estrógenos durante 5 años o más, el riesgo de manifestar cáncer de útero incrementa de 10 a 30 veces. El riesgo parece prolongarse durante 10 años o más después de descontinuar la terapia de reemplazo de estrógenos. Cuando se hizo pública esta información, hubo un descenso en el uso del reemplazo de estrógenos y en la incidencia del cáncer del útero. Sin embargo, es necesario que la mujer considere los riesgos y los beneficios antes de descontinuar el reemplazo hormonal como el tratamiento de los síntomas de la menopausia, puesto que los beneficios de este tratamiento pueden ser mayores que el riesgo de manifestar cáncer.

Existe evidencia de que la adición de la progesterona a los estrógenos para el tratamiento de los síntomas de la menopausia puede disminuir el riesgo de manifestar el cáncer del útero que se presenta por el estrógeno. No obstante, también existe evidencia de que esta estrategia incrementa el riesgo de manifestar cáncer del seno. El aspecto principal que debe tenerse en cuenta cuando se toma el reemplazo hormonal es la necesidad de someterse a las evaluaciones ginecológicas periódicas para detectar temprano el cáncer del útero. Con esta estrategia, la mujer puede obtener los beneficios de la terapia hormonal y detectar temprano el cáncer del útero, cuando éste es pequeño y curable.

Tamoxifen y cáncer del útero: El tamoxifen es un medicamento quimiopreventivo que bloquea la entrada del estrógeno a la célula. Este medicamento y otros antiestrógenos se utilizan en el tratamiento del cáncer del seno, pero también han tenido éxito en la prevención de este cáncer en las mujeres con alto riesgo.

El cáncer del útero es una complicación poco común de la terapia con tamoxifen. Los riesgos y los beneficios del tamoxifen se han evaluado en varios estudios clínicos en todo el mundo. En el 1998 se presentaron los resultados del estudio clínico del Instituto Nacional del Cáncer ( National Cancer Institute) en que se evaluaba el tamoxifen. En este estudio, 13.388 mujeres con alto riesgo de manifestar cáncer del seno recibieron tamoxifen o placebo durante 5 años. Aunque los resultados indicaban una reducción del 45% en la manifestación del cáncer del seno, también mostraron un incremento en el riesgo de exhibir cáncer del útero, puesto que 33 de las mujeres que recibieron tamoxifen, manifestaron esta clase de cáncer, en comparación con sólo 14 en el grupo de placebo. En el grupo de tamoxifen, el cáncer del útero estaba en la etapa I temprana.

Debido a que la mayoría de los cánceres del útero se detectaron en una etapa temprana, cuando es muy probable su curación, el beneficio general del tratamiento antiestrógenos en las pacientes con el cáncer del seno sobrepasa al riesgo de manifestar cáncer del útero. Toda mujer que conserve su útero y tome una terapia antiestrógenos, debe someterse a exámenes ginecológicos regulares.

Además, en respuesta al riesgo del tamoxifen, han surgido nuevos antiestrógenos. Se cree que los moduladores selectivos de receptor de estrógeno (SERM) ejercen un efecto positivo en los huesos, así como efectos antiestrógenos en el cáncer del seno, sin aumentar el riesgo de exhibir cáncer del útero. Para obtener mayor información, diríjase a la sección Terapia hormonal.

Prevención del cáncer de útero

En términos generales, el cáncer es una enfermedad que puede prevenirse. Dos tercios de las muertes por cáncer en los Estados Unidos se relacionan con el uso del tabaco, la obesidad y la falta de ejercicio. Todos estos factores p
ueden modificarse. No obstante, no existe una conciencia real de que existe la posibilidad de prevenir el cáncer mediante cambios en el estilo de vida.

El perder peso y el reducir la exposición al estrógeno puede disminuir el riesgo de manifestar cáncer del útero. La adición de progesterona al estrógeno también puede disminuir este riesgo en las mujeres que toman un reemplazo hormonal para los síntomas de la menopausia. Existe evidencia que sugiere que el uso de la terapia hormonal combinada en forma de anticonceptivos orales puede reducir el riesgo de manifestar el cáncer del útero hasta en un 40% si se la usa por lo menos durante un año.

Dieta: La dieta es una área muy propicia para una intervención individual y colectiva inmediata, para la disminución del riesgo de padecer algún tipo de cáncer. Numerosos estudios proporcionan un caudal de información, a menudo contradictoria, sobre los factores perjudiciales y protectores con que cuentan los diferentes alimentos.

Existe una evidencia convincente de que el exceso de grasa corporal incrementa en forma sustancial el riesgo de manifestar muchas clases de cáncer. Aunque mucha de la información nutricional en relación al cáncer está en contra de las dietas ricas en grasas, el verdadero culpable puede ser el exceso de las calorías. Los estudios demuestran que existe una pequeña relación, si acaso la hay, entre la grasa corporal y la composición de grasa en la dieta. Estos estudios señalan que el consumo de un exceso de calorías proveniente tanto de las grasas como de los carbohidratos producen el mismo resultado del exceso de grasa en el organismo. La forma ideal para evitar el exceso de grasa en el organismo es limitar el consumo de calorías, y/ o equilibrar el consumo calórico con bastante ejercicio.

No obstante, es importante limitar el consumo de grasas, puesto que las evidencias aún apoyan la relación que existe entre el cáncer y las grasas poli-insaturadas, saturadas y animales. Los estudios muestran de manera específica que un alto consumo de carnes rojas y productos lácteos puede incrementar el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Como estrategia para cambiar de forma positiva los hábitos alimenticios, puede reemplazar las carnes rojas por el pollo, el pescado, las nueces y las legumbres.

El consumo alto de frutas y vegetales se asocia con la reducción del riesgo de exhibir al menos diez diferentes clases de cáncer. Esto puede ser ocasionado por factores protectores en potencia, tales como los carotenoides, el ácido fólico, la vitamina C, los flavonoides, los fitoestrógenos y los isotiocianatos, a los que en conjunto se les conoce como antioxidantes. Existe una evidencia fuerte de que un consumo moderado a alto de alcohol también incrementa el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Es posible que una razón para explicar esta relación sea que el alcohol interfiere con la disponibilidad del ácido fólico. El alcohol combinado con el tabaco crea un riesgo aún mayor de padecer ciertos tipos de cáncer.

Ejercicio: Los altos niveles de actividad física pueden reducir la incidencia de algunas clases de cáncer. De acuerdo con investigadores de la Universidad de Harvard, si toda la población incrementara sus niveles de actividad física trotando por 30 minutos al día (o gastando la energía equivalente en otra actividad), se podría observar una reducción del 15% en la incidencia del cáncer de colon. La asociación entre ejercicio y el cáncer del útero no se encuentra bien definida.

Exploración y detección temprana del cáncer del útero

Para muchos tipos de cáncer, el progreso en las áreas de exploración y de tratamiento del cáncer ofrece esperanzas con respecto a la detección temprana y a una mayor tasa de curación. El término exploración se refiere al uso regular de ciertos exámenes o pruebas en las personas que no presentan ningún síntoma de cáncer, pero que se encuentran bajo alto riesgo de exhibir esa clase de cáncer. Estar bajo alto riesgo significa poseer ciertas características o exposiciones, conocidas como factores de riesgo, que hacen a una persona más propensa a manifestar esa clase de cáncer que alguien que no presenta estos factores. Estos factores son diferentes para las diferentes clases de cáncer. El conocimiento de estos factores es importante por las siguientes razones: 1) es posible cambiar algunos factores de riesgo (como el hábito de fumar y la dieta), para así disminuir el riesgo de que evolucione el cáncer asociado; y 2) las personas que se encuentran en un riesgo alto de exhibir un cáncer pueden someterse a medidas de exploración frecuentes que se recomiendan para esa clase de cáncer. Los investigadores continúan estudiando cuáles son las características o las exposiciones que se asocian al incremento del riesgo para varios tipos de cáncer, lo que permite emplearlas en la prevención más efectiva, la detección temprana y las estrategias de tratamiento.

La evaluación ginecológica periódica es crucial para la detección temprana del cáncer del útero. Toda mujer debe someterse a exámenes físicos regulares y, las mujeres que se encuentren en la terapia de reemplazo hormonal o tamoxifen, pueden considerar el monitoreo con sonografía transvaginal (examen de ultrasonido), y una histeroscopia (evaluación endoscópica del útero). Es posible mejorar la capacidad de detectar anormalidades en el útero mediante una prueba llamada sonohisterografía, en que se instila una solución acuosa dentro del útero antes de realizar la sonografía transvaginal. Ésta constituye una alternativa buena, segura y barata en comparación con los exámenes de ultrasonido convencionales.

Se recomienda que las mujeres que toman tamoxifen se sometan a exámenes anuales, 2 a 3 años después de iniciar el tratamiento. El sangrado anormal o posmenopáusico no diagnosticado, requiere una evaluación inmediata con una biopsia endometrial. También se puede utilizar el ultrasonido a través de la vagina para evaluar el sangrado en algunas pacientes, en lugar de hacer una biopsia de inmediato.

Estrategias para mejorar la exploración y la prevención

El potencial para lograr detecciones más tempranas y tasas de curación más altas incrementa con la llegada de técnicas de exploración más refinadas. En un esfuerzo por proporcionar más opciones de exploración y mejores estrategias de prevención, los investigadores continúan estudiando nuevas técnicas para la exploración y para la detección temprana del cáncer.

Prueba de predicción genética: La identificación de los genes de susceptibilidad al cáncer llevó a la implantación de pruebas de predicción genética para estos genes. Ya que la mayoría de los cánceres del útero no son producto de mutaciones hereditarias conocidas, no todas las mujeres se beneficiarán de estas pruebas genéticas. Sin embargo, las mujeres con un historial familiar del cáncer hereditario de colon sin poliposis tienen un mayor riesgo de portar la anormalidad genética de este cáncer y ellas sí podrían saber si portan esta anormalidad al someterse a una prueba para determinarlo. Con una prueba genética exacta se puede revelar una mutación genética, pero no se puede garantizar que el cáncer se manifieste o no. Sobre este punto, las pruebas genéticas se utilizan para identificar a las personas que se encuentran en un riesgo mayor de exhibir cáncer, para que éstas cuenten con la opción de tomar las medidas preventivas del caso. Para obtener mayor información al respecto, diríjase a la sección Pruebas genéticas.


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