Exploración y prevención de la leucemia mielógena crónica

Exploración y prevención de la leucemia mielógena crónica

Información general

Cada día crece más el interés por la información sobre la prevención del cáncer y la ciencia de la exploración en las personas con un riesgo alto de manifestar cáncer. Tanto los médicos como el público en general, parecen reconocer que el mejor “tratamiento” para el cáncer es, en primer lugar, prevenir de que ocurra o detectarlo temprano, cuando son mayores las posibilidades para tratarlo.

La leucemia mielógena crónica (LMC) es el crecimiento anormal de las células mieloides relativamente maduras (glóbulos blancos). La enfermedad se asocia con una anomalía cromosómica, en que el material genético del cromosoma 9 se transfiere al cromosoma 22. Esto forma lo que se denomina el cromosoma Filadelfia, que desempeña una función en la manifestación de la enfermedad. Esta transposición tiene como resultado la fusión de las dos proteínas BCR y ABL, las cuales otorgan una ventaja selectiva al crecimiento de las células LMC sobre las células normales. La causa de esta transposición es desconocida.

La edad promedio al diagnóstico de la LMC es de 67 años. Al principio, hay un incremento gradual en las células mieloides maduras en la médula ósea. Estas células poco a poco se vierten en la sangre y otros órganos y causan síntomas como fatiga por anemia o un ensanchamiento del bazo. El incremento del número de células de leucemia se presenta lentamente al comienzo y se conoce como fase crónica, pero estas células invariablemente empiezan a incrementarse más rápido y/ o incluyen células menos maduras, dando como resultado la fase acelerada o blástica.

En estos momentos, los investigadores desconocen la causa de la LMC y se encuentran tratando de resolver este problema. Los científicos conocen que la LMC se presenta con mayor frecuencia en los hombres que en mujeres, así también, se presenta más en los caucásicos que en los afro-americanos. Sin embargo, no ha sido posible explicar la razón de que unas personas adquieran la LMC y otras no. Debido a que el promedio de edad al diagnóstico es de 67 años, se sospecha que se requiere la exposición a un factor ambiental desconocido por un largo período de tiempo para causar la LMC. A través del conocimiento de la causa de esta enfermedad, los investigadores esperan entender mejor cómo prevenirla y cómo tratarla.

La posibilidad de que una persona manifieste cáncer depende de factores genéticos y no genéticos. El factor genético es un rasgo hereditario que no puede cambiar, mientras que uno no genético es una variable en el medio ambiente de la persona que, con frecuencia, puede cambiarse. Entre los factores no genéticos pueden incluirse la dieta, el ejercicio o la exposición a otras sustancias presentes en su entorno. Estos factores no genéticos se denominan con frecuencia factores ambientales. Algunos factores no genéticos juegan el papel de facilitar el proceso de cambio que sufren las células saludables a cancerosas (ejemplo: la relación entre el hábito de fumar y el cáncer pulmonar), mientras que para otras clases de cáncer no se conocen correlaciones ambientales, pero se sabe que se cuenta con una predisposición genética, es decir, que el riesgo de que una persona contraiga cierta clase de cáncer es mayor si un miembro de la familia tiene ese tipo de cáncer.

Factores genéticos o hereditarios

No hay factores hereditarios claros asociados con la LMC. Los gemelos idénticos de pacientes con LMC no se encuentran en mayor riesgo de manifestar LMC que otros individuos hermanos. Este hecho es una clara indicación de que los factores ambientales son mucho más importantes que los genéticos en la manifestación de la LMC. Es un misterio científico el porqué sólo uno, de un par de gemelos idénticos, pueda manifestar LMC, dado que la genética es idéntica y las exposiciones ambientales son similares, o iguales.

La HLA es el sistema de compatibilidad histológica que se utiliza para encontrar a parejas de personas compatibles para los trasplantes de médula ósea, hígado y riñones. En un estudio se encontró que un tipo específico de HLA, el DR4, se asocia con una incidencia baja de LMC, sin embargo, los investigadores aún no identifican la razón de esta disminución.

Factores no genéticos o ambientales

El hecho de que sólo uno de un par de gemelos idénticos tiende a manifestar la LMC sugiere que el hallazgo de una causa específica para la leucemia será difícil, si acaso imposible. Sin embargo, mediante estudios de un gran número de personas alrededor del mundo, los investigadores han encontrado ciertos factores que incrementan el riesgo de que la persona presente LMC.

La exposición a altas cantidades de radiación de alta energía incrementa el riesgo de LMC. Este tipo de radiación fue producto de la explosión de la bomba atómica en Japón durante la Segunda Guerra Mundial.

Leucemia mielógena crónica relacionada con la terapia: Algunos de los medicamentos y de la radiación utilizados para tratar otros tipos de cáncer pueden incrementar el riesgo de padecer LMC. Las dosis bajas de radiación utilizadas en el pasado para tratar una variedad de condiciones no malignas se han asociado con un incremento en la incidencia de la leucemia, de la cual 20 a 30% fue LMC. Varios medicamentos utilizados para la quimioterapia e inmunosupresores se han asociado con un incremento de la LMC. El tratamiento con yodo radioactivo para el cáncer de tiroides también se ha asociado con un incremento en la incidencia de LMC. También se ha reportado LMC después de un trasplante de corazón donde se administró terapia con radiación.

Los virus y la leucemia mielógena crónica: Los científicos han identificado un virus que parece incrementar el riesgo para un tipo de leucemia poco común. Sin embargo, no se conoce la asociación de este virus con las formas comunes de leucemia, incluida la LMC. Los científicos continúan estudiando alrededor del mundo virus y otros posibles factores de riesgo para la leucemia.

Prevención de la leucemia mielógena crónica

El cáncer es una enfermedad cuya posibilidad de prevención es muy amplia. Dos terceras partes de las muertes por cáncer en los Estados Unidos están relacionadas con el uso del tabaco, la dieta deficiente, la obesidad y la falta de ejercicio. Todos estos factores pueden ser modificados. Sin embargo, todavía se menosprecia la posibilidad de prevenir el cáncer mediante cambios en el estilo de vida. La gran mayoría de casos de LMC no puede prevenirse, dado que no se conocen las causas de esta enfermedad.

Dieta: La dieta es un área muy propicia para una intervención individual y colectiva inmediata para la disminución del riesgo de padecer algún tipo de cáncer. Numerosos estudios proporcionan un caudal de información, muchas veces contradictoria, sobre los factores perjudiciales y protectores con que cuentan los diferentes alimentos.

Existe evidencia convincente de que el exceso de grasa en el organismo incrementa bastante el riesgo de padecer varios tipos de cáncer. Aunque mucha de la información nutricional en relación al cáncer está en contra de una dieta rica en grasa, el verdadero culpable puede ser el exceso de calorías. Los estudios demuestran que existe una pequeña relación, si acaso la hay, entre la grasa del organismo y la composición de grasa de la dieta. Estos estudios muestran que el consumo de un exceso de calorías, proveniente tanto de las grasas como de los carbohidratos, produce el mismo resultado de exceso de grasa en el organismo. La forma ideal para evitar el exceso de grasa en el organismo es limitar el consumo de calorías y/ o equilibrar el consumo calórico con bastante ejercicio.

Sin embargo, es importante limitar el consumo de grasas, puesto que las evidencias aún apoyan la relación que existe entre el cáncer y las grasas poliinsaturadas, saturadas y animales. Los estudios muestran de manera esp
ecífica que un consumo alto de carnes rojas y de productos lácteos puede incrementar el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Una de las estrategias para cambiar de manera positiva los hábitos alimenticios es reemplazar las carnes rojas por el pollo, el pescado, las nueces y las legumbres.

El alto consumo de frutas y vegetales se ha asociado con la reducción del riesgo de padecer, al menos, diez diferentes clases de cáncer. Esto puede ser el resultado de factores potencialmente protectores tales como los carotenoides, el ácido fólico, la vitamina C, los flavonoides, los fitoestrogenos y los isotiocianatos, a los que en conjunto se les conoce como antioxidantes. Existe una fuerte evidencia de que de un moderado a un alto consumo de alcohol también incrementa el riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Entre las razones para explicar esta relación puede ser que el alcohol interfiere con la disponibilidad del ácido fólico. El alcohol combinado con el tabaco crea un riesgo aún mayor.

Ejercicio: Los altos niveles de actividad física pueden reducir la incidencia de algunos tipos de cáncer. De acuerdo a investigadores de la Universidad de Harvard, si la totalidad de la población incrementara sus niveles de actividad física y trotara 30 minutos por día (o gastara la energía equivalente en otra actividad), se podría observar un 15% de reducción en la incidencia del cáncer del colon.

Exploración y detección temprana de la leucemia mielógena crónica

Para muchos tipos de cáncer, el progreso en las áreas de exploración y tratamiento del cáncer ofrece una mayor posibilidad para la detección temprana y el incremento en las tasas de curación. El término exploración se refiere al empleo regular de ciertos exámenes o pruebas en las personas que no presentan ningún síntoma de un cáncer, pero que se encuentran en un riesgo alto de padecer ese cáncer. Cuando se dice que las personas se encuentran en un riesgo alto de padecer un tipo de cáncer, significa que cuentan con ciertas características o exposiciones, denominadas factores de riesgo, que las hacen más propensas a manifestar ese tipo de cáncer que otras personas que no exhiben esos factores. Los factores de riesgo son distintos para los diferentes tipos de cáncer. Es importante conocer estos factores de riesgo porque: 1) algunos factores de riesgo pueden cambiarse (tal como fumar o los hábitos alimenticios), para así disminuir el riesgo de manifestar el cáncer asociado y 2) las personas que se encuentran en un riesgo alto de presentar cáncer pueden someterse con frecuencia a una exploración de medición que se recomienda para ese tipo de cáncer. Los investigadores continúan estudiando cuáles son las características o las exposiciones que se asocian al incremento del riesgo para varios tipos de cáncer, lo que permite emplearlas para una prevención más efectiva, para una detección temprana y para las estrategias de tratamiento.

Alrededor del 20% de los casos de LMC se diagnostica durante un examen de rutina o exámenes para otras enfermedades. Los síntomas más comunes son fatiga y pérdida de peso asociadas con un alto conteo de glóbulos blancos, bazo agrandado y niveles sanguíneos bajos de glóbulos rojos. Otro síntoma común es el sangrado, el cual no tiene relación con el conteo alto o bajo de plaquetas en la sangre, pero se relaciona con el hecho de que las plaquetas no funcionan bien. Los jóvenes de sexo masculino tienden a presentar síntomas más avanzados que los de mayor edad.

Para que la exploración sea efectiva, se debe identificar a los pacientes bajo riesgo, pero esto es imposible en la actualidad. La edad promedio en que se presenta la LMC es de más de 67 años. Las personas mayores de 65 años deberían someterse a un examen físico y a una exploración de rutina cada 6 meses. La exploración es mejor realizarla mediante un examen físico cuidadoso y un conteo sanguíneo. No se necesita un examen de médula ósea, a no ser que el conteo sanguíneo sea anormal o exista alguna anormalidad visible en el examen médico.


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